6.11.12

No te escondas

–Ven, pequeña, no te escondas de mí... Te trataré muy bien, ya lo verás. Anda, sal y vámonos; ya es la hora.
Esa siniestra voz le hablaba desde algún lugar de la casa, no sabía cuál, pero aun así era como si la tuviera en la nuca, la hacía temblar de la cabeza a los pies. Ella se mantuvo lo más quieta que pudo, intentando recordar los buenos momentos que había vivido con su familia, sus amigos... pero esos recuerdos eran tan lejanos que sólo veía imágenes que se difuminaban en un mar de tinieblas. Ahora sólo quedaba ella, y sabía que ella misma era su única esperanza. Y eso la aterraba, porque ese sería su final. Hasta ahí había llegado, no podía soportar más huidas, más presencias terroríficas, no podía soportar más aquella vida...
–No te hagas de rogar, pequeña, sabes que tienes que venir conmigo. Ya hace demasiado tiempo que huyes de mí, y no deberías alargarlo más... Soy paciente, pequeña, pero todo tiene un límite.
No, no podía irse con él; no se iría con él. Las demás no lo habían hecho, y ella no mancharía su memoria ni su valentía. Dejó atrás el miedo y se levantó, saliendo de su escondite.
–Así me gusta, que seas buena chica.
Ver la cara de esa voz le daba todavía más escalofríos y, sobre todo, asco. La piel de ese ser era oscura, como si estuviera quemada, y no era posible fijar la mirada en sus ojos durante más de dos segundos de la maldad que transmitían.
–Pensaba que sería más difícil convencerte de lo que te convenía, pequeña.
–Pues ya ves lo fácil que ha sido.
Empezó a correr hacia la ventana y se lanzó de forma que la cabeza rompió el duro cristal.
–¡No!
Su cuerpo ya sin vida cayó en el jardín del que algún día fue un hogar feliz. Un charco de sangre pronto se formó a su alrededor, tiñiendo su apagado pelo rubio y su blanca piel. Tenía algunos huesos rotos, pero ahora poco importaba.

El espeluznante espectador de la escena se mantuvo serio. Esa estúpida niña le había estropeado sus planes de futuro y se maldijo por haberla subestimado. Encontraría a otra, pero podían pasar semanas, meses o incluso años. Bajó tranquilamente por la escalera principal de la casa y salió al exterior.
–Es una lástima, pequeña, eras guapa.
Y se fue, calle abajo, hacia su próximo objetivo.
*Este relato fue publicado en un especial Halloween de mi otro blog, Palabras de terciopelo, pero he decidido añadirlo a mi blog personal porque al fin y al cabo su sitio es aquí :)

6 comentarios:

  1. No te escondas... o cómo estropearle a uno el día con la impresión...
    Propósito cumplido, sin duda. Enhorabuena por el relato.
    Un saludo.

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  2. ¡Nos tienes abandonaicos! :) :)

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    1. Ay sí... lo siento mucho :( Entre el otro blog y los proyectos que me van saliendo, no tengo ni un minuto de tranquilidad! :( :(

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  3. Debo admitir que no me esperaba ese final. No me lo esperaba y CASI SE ME ROMPE LA MANDÍBULA DE TANTO ABRIRLA. Ha sido un golpe duro, pero muy acertado. ¿Es solo un relato? Porque me has dejado con una intriga horrible...
    Tienes un estilo muy ameno, sencillo, con el que el lector puede identificarse fácilmente. Sabes cuidar el vocabulario y escoges las palabras adecuadas. Ha sido muy agradable de leer. :) La sensación de ingravidez que transmite y el misterio que se respira mantienen al lector enganchado a la pantalla hasta el final.

    Felicidades. :) ¿Ganaste algo con el relato?
    ¡Un beso!

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    1. Sí, es sólo un relato (de momento), nunca se sabe :P y no lo he presentado a ningún certamen.

      Muchas gracias por tu opinión tan sincera! :)
      Me alegro de que te haya gustado mi escrito.

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